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Como comentamos en la publicación pasada, la mayoría de la gente nunca solicita una factura al comprar un bien o un servicio, y dividimos en dos grupos a los contribuyentes; el primero ya lo platicamos en la emisión anterior, y ahora toca el turno al segundo grupo, que corresponde a la gente común.
Para comenzar, debo decirles que de ahora en adelante, si nunca ha solicitado una factura, le aconsejo que comience a hacerlo, porque una factura es un documento mercantil donde se transmite el uso, goce y propiedad de un bien o servicio. Usted se preguntará, a mi por qué me interesa esto, pues por varias razones amigo lector, ya que cuando usted necesite comprobar el uso, goce y propiedad legitima de cualquier producto o servicio que haya adquirido, necesitara mostrar la factura correspondiente con sus datos correctos, mucho más, si se le llegasen a robar algún bien, o le notifican sobre un procedimiento administrativo de embargo, en estos casos necesitará aún más sus facturas.
Por ejemplo, si le roban dentro de alguna propiedad todos sus bienes tales como, televisor de plasma, reproductor de dvd, computadora, etc., y estos fueran recuperados por la autoridad, usted necesitara acreditar la propiedad del bien mediante una factura, ya que de lo contrario, nunca más los volverá a ver.
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En el otro caso, durante un procedimiento de embargo de alguna persona, familiar o no, que haya acreditado su residencia en el mismo domicilio que usted, la autoridad mediante el actuario correspondiente, se llevara todo lo que se encuentre dentro de la vivienda hasta por el monto que cubra el embargo, aún cuando este sea ejecutado hacia otra persona, jurídicamente la única forma de evitar que tomen sus bienes, es acreditando la propiedad en ese momento mediante una factura.
En la actualidad, la mayoría de la gente no tiene facturas de los bienes que adquiere, o no las guarda ya que considera innecesario el tenerlas debidamente resguardadas y archivadas.
Sin embargo, recuerden que a partir de ahora será necesario guardar todo aquel comprobante que nos acredite como propietario de algún bien, para poder reclamar nuestros derechos sobre ellos, ya que como dice el refrán, “las palabras, se las lleva el viento”.
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