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“Jamás hubo una guerra buena o una paz mala” frase de Benjamín Franklin que no se conoce en los Pinos. Con los hechos de la semana pasada quedo muy claro, que la “Guerra contra el narcotráfico”, no sólo la va perdiendo el Presidente, sino que los cárteles demostraron que su músculo social es más compacto que la confianza de los mexicanos en sus instituciones.
Washington
Estados Unidos cada vez coadyuva (léase interviene) con mayor fuerza en esto de “jugar a los soldaditos” y el Gobierno de la República nos vende la idea de que son mecanismos de cooperación, que los países son corresponsables, que la Casa Blanca y Los Pinos entienden perfecto eso de “Vivir Mejor”, que “tú yo somos uno mismo uohuoh” cuando la realidad es que la política americana sigue siendo la misma, ellos tienen que controlar un problema de salud pública pero los muertos se deben quedar del lado de los mexicanos. Barack Obama goza de una gran popularidad en México, pero ojo, él gobierna para los Estados Unidos y hará hasta lo imposible para contener el problema y dejar que Felipe Calderón pague los platos rotos.
Tec de Monterrey
Sin duda es una institución vinculada a los altos círculos sociales y políticos, que es utilizada como “carne de cañón” cuando la pseudo-izquierda radical desea ilustrar a la “derecha intolerante” y pareciera como si su posición la mantuviera más allá del bien y del mal de un Presidente al que literalmente le queda grande el uniforme militar. Dos muertos, dos estudiantes de posgrado del Tec de Monterrey es el saldo de un enfrentamiento entre sicarios y el Ejército Mexicano. Rafael Rangel Sostmann, Rector de la institución concluye que el crimen organizado quiere amedrentar a la comunidad educativa y yo digo, que quiere decirle al Presidente que va “perdiendo” la guerra.
Bloqueos
¡Con la cuchara grande! A todos nos resultan molestos los bloqueos de calles, criticamos a los grupos que levantan pancartas y saludan vigorosamente a las madres de autoridades, pero también democráticamente reconocemos el derecho de petición y la libertad de expresión, asociación y manifestación de los ciudadanos, pero… ¿que los delincuentes realicen 30 bloqueos en las principales avenidas de la Ciudad de Monterrey?, ¿que las autoridades locales digan que como el narco va perdiendo es una patada de ahogado y que todo está bien?, no señores no se confundan, el hecho lamentable de que esto suceda en “la Meca” económica del país, no es más que otro indicador de que hay que cambiar de estrategia. La gente no confía en sus cuerpos policiacos y cada vez lo hacen menos en los militares que viven presos de reiteradas denuncias, por violaciones a los derechos humanos, mientras que la base social del narcotráfico queda muy clara. Es impresionante el hecho de que el crimen tenga la capacidad operativa para secuestrar a más de 30 unidades de transporte público y “poner de cabeza” a toda una ciudad aplicándose acciones en extremo coordinadas y que los servicios de inteligencia no puedan contener tales hechos.
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Urnas bañadas de sangre
Por ahí de enero de 2007, aún con la duda de los comicios de 2006, se hablaba en el “radio pasillo gubernamental” que el Presidente Calderón enfocaría sus esfuerzos a la lucha contra el crimen organizado para legitimarse, que la “Guerra contra el narcotráfico” duraría ese año y un poco del 2008 y que después, la política se enfocaría al desarrollo social, como carta de presentación ante el electorado de 2009. Lo anterior resultó, sin lugar a dudas, en la apertura de la “Caja de Pandora”, caja que ya nunca más pudo cerrarse. Se despertó al gigante equivocado y el resultado fue que eso de “Vivir Mejor” nunca llegó, sólo quedó la constante de miedo en los medios de comunicación, y claro, algún genio superdotado de los Pinos, de esos que presumen de “estar cerca de Dios”, decidió que la bandera del PAN en el 2009 sería seguir combatiendo al crimen, seguir manchando las calles de sangre, infundir el miedo entre la gente si cambiaba de color. El “muchacho pendenciero” fracasó y ahora un nuevo “junior” de la política hace hasta lo imposible por convencer de las alianzas políticas antinatura, mientras pide la mano de su novia al ritmo de “jeans”.
Y sí, la apuesta es la misma, la política del miedo, la política del nosotros si le entramos a la lucha contra el crimen (no tenemos ni idea de cómo pero le entramos), en resumen, la política de la soberbia.
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