|
El sacrificio de 49 criaturas que murieron calcinadas y 58 hospitalizadas con quemaduras graves en el siniestro ocurrido en la guardería ABC de Hermosillo, Sonora, es un hecho insólito de crueldad e inhumanidad que bien podría llamarse diabólico. Quienes, con tal de hacer dinero dentro del IMSS, urdieron otorgar esas concesiones a particulares que sin escrúpulo prestan un servicio de ínfimas condiciones de seguridad a fin de cobrarlo y repartir, en el propio Instituto, a quienes les daban los contratos; son por lo menos asesinos a sueldo que merecen ser condenados a pasar en la prisión largos años acordándose del dolor de los niños incinerados y de los padres abatidos por la horrible pérdida de sus hijos. Resulta paradójico que una de las valiosas más justas de la Revolución que hoy cumple cien años, que fue el Instituto Mexicano del Seguro Social haya caído, la dirección de la benemérita Institución, en manos de criminales que, en complicidad con su Consejo tripartita constituido por lideres de la calaña de Joaquín Gamboa Pascoe y otros de la misma laya con la cachucha de representantes patronales; sean capaces de hacerse millonarios con la venta de servicios de tanta responsabilidad como las Guarderías para dárselos a quienes no tienen otro propósito que el de lucrar con las necesidades de las madres que por compromisos de trabajo tienen que dejar a sus hijos al cuidado de empleados cuyos patrones rentan o disponen de instalaciones que son una amenaza permanente para la vida de los menores y sus custodios. Naturalmente, detrás de éstas conductas delictivas esta la permisibilidad de la línea neoliberal de los gobiernos priistas últimos y de sus fieles seguidores Fox y Calderón que aceleraron la práctica de hacer negocios con sus allegados y familiares, concesionándoles la prestación de servicios públicos que el Instituto había prestado y debería seguir otorgando pero que, por la compulsión para hacer riqueza rápida y fácil los llevaron a este desenlace fatal.
|
|
La misma motivación y mecanismo operó en la Mina de Pasta de Conchos de Sabinas, Coahuila, donde, desde hace tres años quedaron sepultados 65 mineros que murieron por asfixia al no llevar el equipo para sobrevivir en un derrumbe que probablemente ocurrió en el túnel de la mina a 60 metros de profundidad. Ahí también la privatización que Zedillo hizo de la Industria Minera les dio a los concesionarios de Grupo Minera México licencia para ganar dinero a carretadas así haya sido con la negación a los trabajadores de las condiciones mínimas de seguridad que también, como en la guardería ABC, tenían obligación de cumplir y que la autoridad cómplice, (la Secretaría de Trabajo) nunca les exigió. Comportamientos similares que, sin el menor recato, en ofrenda “al dios dinero”, se despliegan por parte de quienes dogmáticos del neoliberalismo quieren ver al Estado presa de los poderes económicos y sin autoridad para hacer valer la ley. En la guardería ABC son el padre y la madre de los que, víctimas indefensas de la brutalidad de los negociantes padecen las consecuencias que los dejaran afectados emocionalmente el resto de sus vidas. En Pasta de Conchos son los hijos y las viudas las que preguntaran por qué, si un padre o un esposo fue a trabajar hoy, ya nunca regresará a casa. Los cuerpecitos calcinados de los niños de la guardería son un tormento para el recuerdo de sus padres que nunca olvidaran tan fatídica experiencia. La ausencia de los restos aún pulverizados de los trabajadores de Pasta de Conchos serán siempre una sombra que no se separará de sus deudos y por eso piden, desde hace más de mil días que rescaten lo que quede de sus seres queridos. Nadie los oye. México no puede seguir viviendo con esas vergüenzas. Tal vez sea la última oportunidad de hacer valer el orden jurídico antes de que continúe la extinción del Seguro Social que ahora concesiona también la hemodiálisis a improvisados y voraces comerciantes de la salud.
|